HUMOR
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Artículos - Cajón de sastre

Humor, humor, humor…Oímos constantemente hablar de él pero no acabamos de estar seguros de en que consiste. Está en todas partes y en ninguna. Encendemos la televisión y hay miles de películas, de programas de humor, pero ninguno consigue que todos nos riamos de lo mismo. 

De esta extraña y desconcertante función humana se dicen muchas tonterías. Y que nadie me contradiga. Por ejemplo, que es un mecanismo natural de defensa para no caer en la desesperanza de una muerte cierta.

Como si la cosa no tuviera gracia. O que todos y cada uno de nosotros tenemos sentido del humor. Incluso los políticos lo aseguran y algunos, como Berlusconi, piensan que tienen un salero que no se puede aguantar. Sin embargo, todos sabemos que esta uniformidad humorística es falsa. Cuando se trata de reírnos de nosotros mismos, este sentido es casi tan escaso como su cacareado hermano el común. Eso por no hablar de esos cenizos (que para nuestra desgracia todos conocemos) que no le ven la gracia a nada. Aunque se puede alegar que estos tipos son bichos muy raros, ellos ponen en entredicho la teoría de que la risa es una de las cualidades que diferencia  a los humanos de los animales.

Y es que explicaciones sobre el humor hay unas cuantas. A  pesar de que a los filósofos siempre les ha parecido poco serio emplear su tiempo en un tema tan prosaico, algunos han dedicado sus ratos libres a intentar desentrañar sus secretos, probablemente con el mismo ánimo festivo con el que otros estudian la creación de pelusilla en el ombligo.

 

Las conclusiones a las que han llegado son cuando menos curiosas. Los primeros que meditaron sobre el tema fueron, una vez más, los griegos. Sócrates decía que encontramos graciosas las desdichas de los que consideramos inferiores porque nos hacen sentir mejor. Luego inventó los chistes sobre los jefes y los dirigentes de Atenas le premiaron con una bonita copa rebosante de cicuta. Kant, que debía ser un tío entretenidísimo, llegó a conclusión de que el humor es la creación de una expectativa que al final queda en nada.

 

Por su parte, Freud decía que la risa era un fenómeno económico, cuya función era liberar la energía psíquica que se había movilizado incorrectamente por falsos anhelos. Ante semejante parida, no nos queda más remedio que pensar que cuando le hicieron esta pregunta el padre del psicoanálisis estaba sumido en profundas reflexiones sobre sexo, como no, y dijo lo primero que se le ocurrió para quitarse de encima al pesado de turno.

 

Yo creo que es inútil buscar una definición para el humor. Es como intentar explicar un chiste: pierde toda la gracia. Como decía Enrique Jardiel Poncela, otro de nuestros grandes autores que murió en la indigencia por intentar hacer reír a la gente, “Intentar definir el humorismo, es como pretender atravesar una mariposa, usando a manera de alfiler un poste telegráfico”. Y como todas las cosas que no comprendemos, debería ser prohibida de inmediato. “Se iba usted riendo al volante, no me lo niegue”,  nos dirá pronto el amable policía de tráfico. “ocho puntos de multa, retirada del carné y no salga de casa durante dos meses”.

 

Cuando esta necesaria normativa sea aprobada, finalmente podré poner en marcha un proyecto que llevo acariciando largos años: el restaurante clandestino. En él fumaremos como chimeneas, comeremos merluza que no esté congelada, quesos sin pasteurizar, beberemos whisky sin tasa ni medida y nos reiremos sin tregua. Con más ganas si cabe. Porque el humor es un terrorista anarquista y nada le gusta más que quebrantar las leyes. 

Publicado en CQ

 
Comentarios (1)
Ojala
1 Domingo, 30 de Enero de 2011 09:58
Eso,ojala pongas en marcha ese restaurante,aunque no aprueben esa normativa, y que este situado cerca de mi,porque muy a mi pesar yo formo parte del colectivo que muy pocas cosas le hacen gracia y te aseguro que es un fastidio, sobre todo cuando eres consciente de ello, Me ha encantado tu articulo.Saludo

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