CEMENTERIOS
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Artículos - Artículo sobre Viajes

cementerioSuele decir la sabiduría popular que el niño es el padre del hombre. Y debe ser cierto. Sin llegar a ser excéntrico, una de las grandes ambiciones de mi vida, desde pequeño era ya bastante rarito. Por ejemplo, cuando mis padres nos querían llevar algún sitio de vacaciones, yo no me preocupaba por si había playa, montañas o un parque de atracciones cerca; lo único que me interesaba saber era si la localidad en cuestión tenía cementerio. No se debía a una preocupación especial por la muerte ni a que fuera un protogótico admirador de la familia Adams. Es más, nunca le he buscado una explicación.

Si hubiera nacido en estos tiempos que corren, probablemente me hubiesen llevado a un psiquiatra infantil o me hubiesen atiborrado a pastillas para la hiperactividad, pero en esa época mis padres, como buenos diplomáticos, estaban demasiado preocupados cargando con una tribu de niños por el mundo. Esta fijación por esos lugares siniestros pero tan alejados del barullo cotidiano, permanece intacta hasta el día de hoy y cada vez que visito una ciudad intento escaparme a uno de ellos. En Buenos Aires es fácil porque la Recoleta está en pleno cogollito del centro, enfrente del mítico café la Biela. Tiene el inconveniente que es una de las principales atracciones turísticas de la Capital Federal pero, como la gente tiende al borreguismo, las multitudes se agolpan en la insignificante tumba de Evita Perón y, si se eligen las horas tempranas de la mañana, se puede dar un buen paseo en solitario por las ordenadas calles llenas de magníficos panteones neoclasicos y art decó.

Merece la pena detenerse, por ejemplo, en el de Rufina Cambaceres que nos espera con mano en el picaporte de la puerta de su mausoleo recordándonos su terrible muerte por catalepsia. Ella es “la dama de blanco”, el fantasma oficial, que supuestamente recorre algunas noches en busca de alguien que la rescate de su ataúd. Père Lachaise en París es probablemente el cementerio más chic, como no podía ser menos. Casi parece un cóctel de famosos de todos los tiempos. Allí están Edith Piaf, Apollinaire, Balzac, María Callas, Chopin, Colette, Godoy, Molière, Modigliani, Yves Montand junto a Simone Signoret, Proust o Oscar Wilde, entre muchos otros. Eso si, como ya no nos interesa nadie que haya vivido hace más de treinta años, las colas se montan para ver a Jim Morrison, que eligió su propia tumba unos meses de su muerte por sobredosis. “Cada quién su propio demonio”, reza su epitafio en griego. Entre mis favoritos están también los cementerios de Salzburgo y el judío de Praga, respetado por Hitler como futuro “museo de un pueblo extinguido”, pero para los amantes de las emociones fuertes recomiendo las Catacumbas de los Capuchinos en Palermo. Debido a la sequedad y las corrientes de aire (y a los tratamientos de los monjes) el proceso de descomposición se detiene en estas cuevas y los más insignes habitantes de la ciudad de los siglos XVIII y XIX descansan sin ataúd, a la vista de los visitantes, colgados como jamones, con sus uniformes, togas, hábitos e, incluso, vestidos de novia.

Hace unos meses, tomando copas a altas horas en Ginebra (parece increíble pero existen los after en Suiza) con un grupo de artistas sudamericanos, me propusieron colarnos en el famoso Cementerio de los Reyes para rendir alcohólico tributo a Jorge Luis Borges. Con más miedo que vergüenza de la estricta policía helvética escalamos la tapia, recorrimos las alamedas de ese gran jardín botánico lleno de árboles centenarios donde solo reposan unos pocos elegidos y, sobre la tumba del escritor argentino, enterrado entre Calvino y la considerada prostituta más famosa de Europa, Griselidis Real, brindamos con whisky. No me parece mal homenaje el que hicimos. Y es que, como dice la canción popular: “Cuando yo me muera tengo ya dispuesto en el testamento que me han de enterrar, en una bodega, al pie de una cuba, con un grano de uva en el paladar”.

 
Comentarios (2)
CEMENTERIOS
2 Viernes, 25 de Febrero de 2011 16:23
Leer lo epitafios puede ser muy revelador.
Y es que acabar en una caja, una urna, o un barril , no
es lo mismo...No...No lo es.

Me encantó el post.

Abrazos vivos.
Comentario
1 Viernes, 25 de Febrero de 2011 16:21
Leer los epitafios siempre es muy revelador.
Y es que acabar en una caja, una urna o un barril,
no es lo mismo...No.
No lo es.
Me encantó el post.
Abrazos vivos...

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