EL VIAJAR EN TIEMPOS DE CRISIS
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Artículo sobre Viajes

Hace algo más de un año desde que empezaron estos tiempos turbulentos y ya nos parece que aquella época en la que todos nos creíamos ricos sucedió en otra vida. El que más o el que menos ha tenido que pegar un buen tajo a sus gastos y la primera victima suele ser el apartado vacaciones. Este verano los españolitos han brillado por su ausencia en destinos donde antes quemaban billetes de cien euros como si fuera dinero del Monopoly.

Sin embargo, para los que nos de verdad nos gusta viajar, dejar de hacerlo no es una opción. Por eso hay que echar mano a la imaginación, encontrar nuevas formas de movernos sin gastar tanto. O recobrar las viejas. Una de ellas es retroceder en el tiempo a la época en la que, con una mochila al hombro, nos recorríamos media Europa con mil pesetas en el bolsillo. Si, ya sé que, después de haber disfrutado de hoteles de lujo y buenos restaurantes, es difícil volver al bocadillo de mortadela y al saco de dormir, pero todo en la vida tiene un lado positivo y en este caso hay uno muy importante: en los viajes mochileros se liga infinitamente más que en los otros.

Esta afirmación tan tajante puede parecer una exageración pero lo tengo científicamente demostrado: mientras los cinco estrellas están repletos de ancianos, japoneses y parejitas que no quieren hablar con nadie, la dura ruta alternativa está repleta de simpáticas señoritas encantadas de conocer gente nueva.

Y es que las dificultades para encontrar un sitio decente para dormir en la Paz, para coger un tren en Jaipur o para hacerse entender en Senegal, unen mucho más que estar tomando el sol a tres tumbonas de distancia en un resort de todo incluido o que volar en el mismo avión en Business. Mientras que en los planes caros tienes que dejarte el ego y la cartera intentando entrar a tías que van de sofisticadas, en un autobús destartalado en el altiplano peruano serán ellas las que quieran entablar conversación, aunque sea por no bajar solas en algún pueblo perdido donde un montón de lugareños las mirarán con cara de pocos amigos.

Esa es una regla fundamental de este tipo de viaje: cuanto mayor sea el peligro percibido, más se liga. No estoy diciendo que os vayáis de vacaciones a Irak o Afganistán a buscar cacho bajo las bombas, sino que el miedo a lo desconocido es muy superior es un país del llamado tercer mundo que en Londres, por ejemplo.

Para ir bien preparado para este tipo de viajes hay que tener en cuenta algunos aspectos logísticos importantes y que no hay que olvidar si no quieres quedarte colgado con tu mochila como un pardillo mientras otros lo pasan en grande:

-Debes ir siempre armado con una guía Lonely Planet. Aunque a mi no me entusiasman, es la que lleva la mayoría del público que te interesa. De esta forma te resultará mucho más fácil coincidir con ellas en albergues, bares y antros de perdición .

-Ponte en forma antes de empezar el viaje. En este caso no se trata de lucir tipín en las playas sino de ser capaz de cargar un mochilón de aquí te espero durante días. Recuerda que los hoteles a los que vas a ir no tienen botones. Probablemente tampoco tendrán camas.

-Si ya tienes más de treinta años no intentes disimular tu edad y, sobretodo, no te hagas rastas; resulta patético y encima corres el riesgo de quedarte calvo en seis meses. Además, en estas lides la edad es experiencia, un valor siempre interesante entre la juventud fácilmente impresionable. Eso si, si tienes una vida gris, inventa, sé creativo.

-Olvida todas las reglas y medidas fitosanitarias. Para viajar de mochila no vale ser un tiquismiquis. Recuerda, Indiana Jones no se lava las manos. Come y bebe todo lo que te den y no hagas preguntas. No olvides las pastillas para la diarrea.

Es posible que si sigues mis consejos eches de menos otras vacaciones pasadas en plan pijo pero, si eres capaz de aguantar las incomodidades, las recompensas serán inmensas y, como diría Kipling:

 todo lo de esta tierra, será de tu dominio,y mucho mas aún, serás hombre, hijo mío.  

Publicado en GQ

 

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