BERLÍN
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Artículos - Artículo sobre Viajes

“Yo he estado en Berlín el fin de semana pasado”

“Yo me voy para allá el que viene”

“Pues yo ya tengo reservado para ir el próximo puente”. Yo no sé que pasa pero parece que todo el mundo que conozco está saliendo disparado hacia Berlín a la menor excusa. Incluso los pocos amigos a los que todavía les sobra la pasta para invertir me comentan que se están comprando piso allí, la última reserva inmobiliaria de occidente, según los entendidos, donde todavía se pueden encontrar apartamentos en Charlottemburg por menos pasta que una buena plaza de garaje en Madrid. Eso si, las villas en Potsdam a las orillas del lago son para los millonarios rusos o para David Bowie, que vive allí hace años. Berlín ha pasado a sustituir a Londres como meca de la modernidad, del arte, de los bares, del diseño y de no sé cuantas cosas más. Una visita no sirve más que arañar la superficie, para ver Unter der Linden, la isla de los museos y poco más. Hace falta tomarse su tiempo para explorar una ciudad que, en muchos aspectos, sigue dividida por un muro invisible. Tengo amigos que viven en el oeste y no se les ocurre ir a cenar al este, sin saber muy bien porque. Por cierto, para cenar en un sitio para ser visto y, sobre todo, para ver las chicas más guapas de Berlín os recomiendo Grill Royal, con su terraza junto al río. Si te gustan las nuevas tendencias artísticas, cerca de este restaurante tienes uno de los espacios expositivos más desconocidos y curiosos de la ciudad que puedes encontrar: la Sammlung Boros, ubicada en un inmenso búnker construido por Albert Speer, el arquitecto de Hitler. Durante los años posteriores a la caída del muro fue una de las discotecas más perversas de la ciudad y ahora alberga la colección de un magnate de la publicidad. Lo mejor, el alucinante interior del edificio de cinco plantas porque para a mi mente obtusa le cuesta ver como una obra de arte un pelo de coño pegado con celo a un agujero en la pared (textualmente).

Si, en Berlín hay planes para todo hijo de vecino, desde ir a tomar una copa al barrio bohemio de Prenzlauer Berg a un buen brunch en Kreuzberg, pero en mi última visita he descubierto el sitio donde me gustaría que me enterrasen. Si, así como suena. Como si de un faraón egipcio se tratase, mis restos deberían reposar cerca de los objetos que amo y casi todos están en la planta superior de KaDeWe, los grandes almacenes del oeste, una gigantesca superficie de siete mil metros cuadrados donde un tragón como yo puede encontrar cualquier cosa que pueda imaginar para comer o beber. Que se quiten el “Dean & Delucca” de Nueva York, Harrods o Fauchon de Paris. No son más que vulgares supers de barrio frente a esta obscena colección de todos los manjares de este mundo, creada en los años de la guerra fría con el artero fin de ponerles los dientes largos a los hambrientos vecinos del este. Tanto es así que varios prohombres de la Nomenclatura comunista pasaron por el desagradable trance de ser pillados con las manos en la masa mientras intentaban llevarse sin pagar alguna vianda prohibida. No me extraña, solo la kilométrica sección de charcutería, con sus más de 1,200 variedades (o los 1,300 tipos de quesos, o las 400 clases de panes o las 3,400 marcas de vino) hace que uno se olvide de las muchas incomodidades que conlleva una estancia en los gulags de soleada Siberia.

En este espacio tan maravillosamente alejado de la crisis, además de kilómetros de productos presentados y organizados como en un museo, hay 33 barras temáticas donde los mejores cocineros preparan delante de nuestros ojos pescados, carnes, mariscos, sushi o cualquier otra cosa que se te pueda ocurrir. También Bocuse, Cipriani, Moët et Chandon o de Veuve Clicquot tienen sus propias barras y, como postre, tenemos a  Godiva, Neuhaus, Teuscher, Cluizel o cualquier otra marca de dulces que uno puedo imaginar.

Si, Berlín es super güay, super trendy, tiene los mejores bares, discotecas, hoteles, galerías de arte y todo lo queráis pero si me pierdo en esa ciudad no me busqueis en ninguno de esos sitios. Llamadme gordo pero ya sabéis donde me encontraréis.        

PUBLICADO POR GQ

 

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