EXAMEN DE CONCIENCIA
Artículos - Artículos sobre la Soltería
Escrito por Gervasio Posadas   

Domingo por la tarde. En calzoncillos delante de la televisión. Zapeo sin sentido. Pelo revuelto. Los platos y vasos sucios se acumulan en la cocina y la mesa del salón. Resaca. La lengua parece que ha crecido dos tallas y raspa como la lija.  Nunca más probaré un cigarrillo. Ayer debo haber fumado dos paquetes. Total, ¿para que? El sitio aquel era repugnante. Oscuro y lleno de humo. Tu ropa tirada en la silla de al lado todavía apesta.


¿Por qué te molesta si tu siempre has fumado? No sé. La compañía de anoche tampoco ayudó a convertirla en una velada memorable. Los amigotes divorciados y unas petardas que habían sacado de no se donde. Todos se divertían mucho. Al menos se reían mucho. O se habían dado una alegría química o algo se me escapaba porque lo que decían no parecía tan gracioso. Debe ser esto último porque últimamente creo que oigo peor. Tendré que ir al otorrino. Joder, otra gotera. En ese momento surge de golpe la gran pregunta: ¿Cómo he llegado hasta aquí?”. 

¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo es posible que yo este solo a esas alturas de la vida, que no tenga una mujer, dos niños y un coche con menos de 15 años en el garaje?  Es un momento terrible en el que te das cuenta (o eso parece) que estar soltero más allá de los cuarenta es anti natural. No se puede vivir toda la vida como si se tuviera eternamente 25. Se supone que las personas están diseñadas para vivir en pareja, ¿no?
Te levantas y te sirves un gran vaso de agua helada. De paso metes la cabeza debajo del grifo. Ha habido mujeres maravillosas en tu vida. ¿Por qué no te has decidido nunca por ninguna? ¿Tan especial te crees? Empieza el repaso.

Zutanita era estupenda. Divertida, alegre, guapa como pocas. Hubiesen salido unos niños preciosos. Menganita era salvaje, espontánea, sabias que nunca te ibas a aburrir.

Perenganita era todo dulzura, una geisha que solo pensaba en hacerte la vida agradable, Puchurrita tenía un coco privilegiado, una rapidez mental tremenda, siempre tenía el consejo perfecto para cada momento. Cualquiera de ellas hubiese sido una compañera ideal y cualquier hombre hubiese matado por tenerla a su lado. En ese momento no se recuerdan defectos ni manías ni que alguna de ellas te dejó para casarse con un dentista. Todas son perfectas, todas son mucho mejor que estar sentado en calzoncillos solo en el salón de tu casa una tarde de domingo.

Después viene el momento Jack el destripador: Si hubiese una chica con la belleza de esta, la inteligencia de aquella, las piernas de la otra y la dulzura de la de más allá, esa, esa sería la mujer. No dudaría ni un segundo en tirarme a la piscina.

Poco a poco se van disipando los vapores tóxicos de la resaca. Te das cuenta que tampoco estas tan mal como estas y que no hay tantos matrimonios a los que envidies. Te tomas un par de aspirinas y te vas a la cama. Al día siguiente te levantas como una rosa sin la más vaga sombra de los fantasmas del pasado. La vida sigue como siempre.

Un par de semanas después te encuentras por la calle con Churrusquita, a la que ni siquiera habías tenido en cuenta en el recuento. Vive en Paris con su novio Olivier desde hace tres años. Está esplendida. ¿Y si hubiera sido ella?

 

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