ELLAS Y ELLOS
Artículos - Artículos sobre la Soltería
Escrito por Gervasio Posadas   

¿Te has dado cuenta cuantos bosques se han arrasado y los océanos de tinta que se han empleado intentando explicar a las mujeres como nos funciona la cabeza a los hombres?

Todos los meses salen toneladas de artículos y decenas de tomos sobre este tema. Obviamente, este fenómeno tiene su origen en que las mujeres tienen una curiosidad congénita por algo que tiene los mismos secretos que el mecanismo de un botijo.

Un tío suele ser sota, caballo y rey. Hasta los más supuestamente raros nos regimos por un plan de ruta inmutable.  Ahora ponte a buscar libros que expliquen para profanos de que van ellas. Después de mucho rebuscar difícilmente encontrarás suficientes para contarlos con los dedos de la mano. 

Lo primero que piensas es que a los hombres se la pela lo que les pase a las mujeres y por eso nadie los escribe. Yo creo que no es así. Más bien estoy seguro de todo lo contrario. Nos jugamos mucho con este tema cada día para obviarlo. Y lo puedo demostrar.  El problema está en la dificultad de generalizar con ellas. Imposibilidad, más bien. Todas son un mundo. Incluso varios mundos distintos el mismo día. Si, es cierto, hay algunos parámetros comunes pero están puestos ahí para despistar. Los tópicos nos enseñan que cuando una mujer cuando dice “A” en realidad quiere decir “B” y simplezas así, pero, desgraciadamente para nosotros, estos tópicos no son para nada relevantes estadísticamente.

Durante mucho tiempo he sido tan increíblemente ingenuo como para creer que entendía a las mujeres.

“Tengo tres hermanas mayores, llevo un montón de años soltero y más sabe el diablo por viejo que por diablo”, me decía muy contento. Craso error.

Que “me encanta que vengan tus amigotes a ver el fútbol a casa” quería decir lo contrario y que cuando me decían “Roncas que parece que se van a caer las paredes de la casa” significaba exactamente eso mismo, era solo la nata de la tarta. El tiempo me ha enseñado que la complicación empieza a partir de ahí y ya desde el comienzo de la relación. Pongamos en una situación corriente que fácilmente entenderá todo el mundo: conozco una mujer maravillosa, simpática, guapa, amante de los perros y los caballos, por ejemplo.

Puede ser la madre de mis hijos o solo un calentón, pero tengo que cazarla. La sabiduría popular me dice que en ese momento tengo que masajearle el ego diciéndole lo fantástica que es. Sin embargo, se me plantea una terrible disyuntiva.

Hay dos alternativas posibles:

a) “Nunca he conocido nadie como tú. Me gusta todo de ti: tus ojos, tu piel, tu pelo” (aunque no se lo haya lavado en algunos días)

b) “Me encantaría arrancarte ese vestidito que llevas, tumbarte encima de la mesa de la cocina y hacértelo toda la noche”

Cualquiera de las dos vías nos pueden dar las llaves del paraíso o arrojarnos de morros al fango. Depende del día, la hora, el último novio, lo que le ha dicho su madre al salir de casa o si ese día se ha puesto la faja. Siempre millones de variables imposibles de computar por nosotros que, en la misma coyuntura pero al revés siempre hubiéramos elegido la B inexorablemente. Por eso es tan importante para nosotros entenderlas. Pero no habrá de ser. Las puertas de esta arcana ciencia están cerradas a cal y canto. Son demasiado para nuestra obtusa mente. Solo nos queda narrar los hechos y maravillarnos con ellos    

 

Agregue su comentario

Tu Nombre:
Tu email:
Asunto:
Comentario:
  Imagen, conteniendo la palabra secreta
Palabra Secreta: