Sofía: buena, bonita y barata. PDF Imprimir E-mail
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Artículos - Artículos sobre Gastronomía
Escrito por Gervasio Posadas   

 

Cuando llega la primavera que la sangre altera, los aficionados a los fines de semana románticos solemos empezar por una casa rural o un parador cercano a nuestra ciudad de residencia. Si la relación prospera, nos animamos a ampliar nuestras escapadas a  destinos de nuestra geografía nacional e incluso a cruzar la frontera y disfrutar de Lisboa u Oporto. Cuando hay algo que celebrar o simplemente nos sentimos espléndidos elegimos París, Londres y Roma. Llegado el momento podemos estirarnos hasta Viena, Budapest o Praga. Sin embargo, hay muchas capitales europeas que quedan fuera de nuestro radar y que merecen la pena. Y que, por si fuera poco, nos hacen vivir la agradable sensación de que somos ricos, que nuestros euros se estiran casi milagrosamente. Un ejemplo es Sofía, la agradable y semi desconocida capital de Bulgaria y según distintos estudios la ciudad más barata de Europa

(http://comoahorrardinero.com/cuales-son-las-15-ciudades-europeas-mas-baratas) Un fin de semana allí nos puede costar lo mismo que una escapada nacional, pero el punto exótico que nos marcamos con nuestra pareja es indudablemente mucho mayor. Al fin y al cabo, son solo tres horas de avión directo y ¿cuánta gente conoces que haya estado en Bulgaria? Claro que siempre tendrás alrededor al clásico aguafiestas que te diga que a lo mejor es que no hay nada que conocer allí. Sin embargo, Sofía es una ciudad perfecta para dos o tres días.  Tiene los suficientes puntos de interés para atrapar tu atención, pero no tantos como para que te sientas desbordado pensando que en una visita corta te estás perdiendo demasiadas cosas.  Su ambiente entre austriaco y turco te atrapa enseguida y la ciudad invita a pasear, a perderse entre la grandiosa catedral de Alejandro Nevski, el palacio real y la avenida Vitosha, la principal arteria comercial del centro, que lleva el nombre del macizo montañoso de más de mil metros que domina el perfil de la ciudad y que se encuentra literalmente en los suburbios, un paraíso del esquí a solo unas pocas paradas de autobús. La estrella del shopping son las cremas de rosas de Bulgaria, ridículamente baratas y capaces, según nos cuentan, de borrarte hasta las manchas del alma.

Pero en Sofía también se puede comer muy bien sin que el bolsillo sufra apenas. Como respuesta a los años aun recientes de la uniformidad comunista, la ciudad se ha llenado de restaurantes de todo tipo de cocinas, especialmente excelentes italianos. Entre ellos destacan Ego ( http://egoworld.com/) y la Capannina, ambos enfrente de la catedral. También hay estupendos lugares donde disfrutar la cocina internacional como el restaurante del Hotel Sense (http://www.sensehotel.com/) probablemente el mejor lugar para alojarse en una visita a la ciudad.  Su terraza, con estupendas vistas al casco antiguo, es un sitio ideal para tomar algo y observar la fauna local de ricos y (presuntamente) famosos. Hablando de celebrities, ellos también tienen sus restaurantes preferidos en Sofía. Por ejemplo, cuando Catherine Deneuve o Bill Clinton visitan la ciudad suelen dejarse caer por uno de esos lugares medio secretos que pueden pasar desapercibidos para el turista poco informado: Adi´s cook and book  (http://adiscookandbook.bg/), un precioso palacete aristocrático pintado de azul y oculto en una calle poco transitada. Mientras tomamos algo, podemos consultar su biblioteca o admirar su completa bodega.

¿Y la cocina búlgara?, se preguntarán ustedes con razón. A pesar de que cuando salen a cenar los habitantes de Sofía prefieran otros bocados más exóticos, la gastronomía del país, por su mezcla entre eslava y turca, también merece la pena. Además del banitsa, el delicioso pastel de queso o espinacas que los búlgaros suelen tomar a todas horas, hay que probar la sopa de boletus (servida normalmente dentro de un gran pan despojado de la miga) y el Chevermeto, un carnero al horno preparado con un alineo exquisito. No hay tampoco que olvidar los embutidos planos, los quesos de cabra y los mundialmente famosos yogures, base también de una popular línea de cosméticos.

Para comer cocina búlgara en Sofía, es necesario huir de las ratoneras de turistas en los que se agolpan las despedidas de soltero británicas ávidas de rakia, el sabroso (y peligroso) licor local. Eso si, no esperes rincones románticos para cenar a la luz de las velas. Los restaurantes típicos se parecen más a ruidosas cervecerías, donde no hay que descartar que nos amenice la velada un grupo folclórico. Sin embargo, y en contra de lo que pasa en casi todos los países del mundo, estas actuaciones musicales no tienen porque ir en contra de la calidad gastronómica del local. Algo así sucede en Pri Yafata, un local de tres pisos que ya es un clásico, algo así como el Casa Botín de Sofía. Para un ambiente más desenfadado podemos elegir una mehana o taberna. Un buen ejemplo es Jadnata Lami, la posada del dragón sediento, un lugar agradable donde tomar una cerveza y disfrutar de raciones más razonables que las toneladas de comida que suelen descargar en otros restaurantes típicos.

Como puedes ver, el panorama gastronómico en Sofía es mucho más variado e interesante de lo que se puede suponer. Lo único realmente difícil es pagar más de quince o veinte euros por comensal en una cena. ¿Conoces muchas ciudades de Europa de las que se pueda decir lo mismo?

 

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