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Artículos - Artículos sobre Gastronomía
Escrito por Gervasio Posadas Publicado en Mass Bienestar   

Según todas las encuestas, ser político está peor visto que comer espaguetis con las manos. Sin embargo, nos guste o no nos guste, ellos siguen siendo los que cortan el bacalao. Sus decisiones en Washington, Bruselas, Madrid o Barcelona siguen marcando nuestras vidas, nuestros hábitos, el dinero que tenemos en el bolsillo y hasta como nos alimentamos. En estos tiempos del Big Data, lo saben todo de nosotros, pero lo curioso es que nosotros no sabemos casi nada de ellos. Ya no hablo de sus cuentas corrientes ni de sus asuntos de faldas sino de asuntos tan pueriles como cuáles son sus platos favoritos.

Y esta es una cuestión importante, por lo menos para mí: estoy convencido que lo que le gusta comer a una persona es tanto o más importante que su forma de vestir, de hablar o que sus opiniones políticas. Llámenme intransigente, pero siento una desconfianza natural hacia los que no disfrutan de una buena comida. Los veo como personas frías, incapaces de empatizar con otros seres humanos. Los políticos, o sus asesores, saben que todos tenemos nuestras manías culinarias y, como otras tantas veces, tienden a “adornar” la realidad: ninguno confesará que se pirra por un faisán relleno de foie regado con una botella de Petrus del 2005. Deben mostrarse cercanos al ciudadano medio y por este motivo eligen siempre platos accesibles para cualquier bolsillo, por muy azotado por la crisis que esté. Por ejemplo, Rubalcaba se apaña con un plato de pasta en alguno de los restaurantes cercanos al Congreso, como Sinfonía Rossini. Rajoy es más de cuchara y cuando va a la sede del partido en la calle Genova, le gusta alargar la sobremesa en la Tasca Suprema. Sin embargo, nuestros políticos no presumen de cocinillas como en otras latitudes. Por ejemplo, Barack Obama, que, en contra de los consejos dietéticos de su esposa Michelle, habitualmente disfruta de sus hamburguesas en el Good Stuff Eatery de Washington, colgó hace unos meses la receta familiar de su chili “despejacatarros” en su cuenta de Pinterest (http://www.pinterest.com/pin/276408495849969703/), aunque, como suele suceder, su elección de vinagre y condimentos fue muy criticada en las redes. El premier británico David Cameron está muy orgulloso de sus espaguetis con salchichas picantes (http://www.ifood.tv/recipe/david-camerons-italian-sausage-meat-pasta), mientras que su segundo Nick Clegg, gracias a su mujer española, se defiende con las tapas, aunque prefiere comerlas en Brindisa, uno de los mejores representantes de nuestra cocina en Londres. Por su parte,  la todo poderosa señora Merkel, saca tiempo para prepararle algunos platillos a su marido y  recientemente ha sido nombrada “reina del repollo” en la localidad de Oldemburg por su afición a preparar el Mettburst (salchicha de cerdo ligeramente ahumada) con repollo verde. “Es un plato robusto y fácil de preparar. Puedes guardarlo en la nevera y siempre está sabroso””, ha declarado rotunda. Vayan mirando la receta, nunca se sabe si acabaremos probando esta receta en los próximos recortes. Y es que ese puede ser el problema de saber demasiado de los políticos: es muy posible que acaben atiborrándonos a chucrut.

 

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