Las gafas de Marcello E-mail
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Artículos - Cajón de sastre
Escrito por Publicado en Gentleman MX   

Muchas veces un objeto define más a un hombre que su aspecto físico. Son detalles que la gente recuerda más que si somos altos o bajos, rubios o pelados. Sin ir más lejos, Cervantes nos habla antes de la adarga antigua y la lanza en astillero del Quijote que de su complexión recia y lo enjuto del rostro del hidalgo. También asociamos automáticamente a Sherlock Holmes con su sombrero Deerstalker o a Jay Gatsby con su smoking.marcello

En nuestros días, dentro del ambiente de engorrosa uniformidad en el que nos movemos, el abuso de un complemento nos puede dar un aspecto extravagante que no es del gusto de todos. Una de mis grandes ambiciones frustradas ha sido convertirme en un excéntrico, pero comprendo que acabe resultando irritante  alguien que lleva todos los días del año calcetines rojos o unos tirantes naranjas, por muy originales que resulten. Sin embargo, hay prendas que definen a quién los lleva no tanto por lo llamativas que son sino por lo bien que se adecúan a la personalidad. Por ejemplo, dentro del mundo de las celebrities resulta difícil imaginarse a Cary Grant sin sus chaquetas perfectamente cortadas, a Andy Warhol sin sus jerseys de cuello vuelto o a David Beckham en algo distinto a los calzoncillos tres tallas más pequeños con los que le pagan tal millonada por posar, sin importar que se le corte la circulación durante las tres horas que dura la sesión de fotos. Un complemento de plena moda en la actualidad son los lentes de sol y los famosos no se los sacan ni para dormir. Sin embargo, pocos consiguen incorporarlos a su personalidad, hacer que sean una prolongación de su cuerpo y de su forma de ser. En el mundo del cine hay casos paradigmáticos como Tom Cruise y las Aviator de Top Gun, los cristales azules de Steve McQueen en El secreto de Thomas Crown o la famosa frase de Elwood en The Blues Brothers: “estamos a ciento seis millas de Chicago, tenemos el depósito lleno, medio paquete de cigarrillos, es de noche y llevamos gafas de sol”. Wayfarer, para ser más precisos.  No obstante, mi estrella favorita en esto de saber mirar a través de los cristales tintados es Marcello Mastroianni, maestro en tantos campos, un personaje algo desconocido para la generación iPad pero imprescindible en el disco duro de todo Gentleman. Cualquiera que vea ahora las fotos del rodaje de  8 y ½,   el irónico retrato seudo autobiográfico de su gran amigo Fellini, comprende porque, a pesar de los cincuenta años transcurridos desde entonces, el estilo no pasa nunca de moda. Su forma de, sin desprenderse de su sonrisa de medio lado, bajar con el dedo índice sus Persol delatan a un hombre que ama a las mujeres y no hace nada por esconderlo, pero que actúa siempre con elegancia: el cazador que admira sin acosar, que disfruta sin anticipar; el hombre que entra con la misma naturalidad en un café que en un palacio, el que bebe con la misma ironía un vaso de agua medicinal que un Campari con soda.  Es el vividor de perfecto traje negro de solapas estrechas, el caradura con encanto que a todos nos gustaría interpretar en la vida, el que sabe poner los pies encima de la mesa sin parecer un patán, el que sabe tirarse a la Fontana di Trevi cuando la rubia de turno se lo pide. Porque para eso se llevan lentes de sol, para jugar, para divertirse con la mirada, no para esconderla. Y a eso, Marcello, no hay quién te gane.

 

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