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Artículos - Cajón de sastre
Escrito por Gervasio Posadas   

Como nos suelen repetir machaconamente, las situaciones difíciles tienden a agudizar el ingenio. Ya sabéis, todo ese rollo de que en chino la palabra crisis quiere decir oportunidad. Mi mandarín está un poco oxidado pero estoy convencido de que, si nos lo proponemos, siempre es posible encontrar trabajo. O inventárnoslo. No, no estoy hablando de profesiones relacionadas con la informática o las telecomunicaciones, inaccesibles para los que nacimos de letras, o del clásico bar que la mayoría de los españoles sueñan en montar. Para buscar los nichos de futuro, lo mejor es leer detenidamente y con mentalidad abierta los periódicos: con un poco de imaginación, encontraremos las posibilidades laborales que hay detrás de determinadas noticias. Y en estos últimos días hay una oportunidad que brilla como una moneda de oro en una mañana de verano: el espionaje.  Aunque ya lo sospechábamos, parece  que todo el mundo espía a todo el mundo. Se espía a políticos, empresarios, deportistas y se habla que las agencias especializadas han realizado en los últimos tiempos más de veinte mil informes. ¡Veinte mil! Está claro que este sector tiene futuro

. Claro que te preguntarás, ¿Cómo puedo convertirme en espía? De momento no se enseña en las academias, ni por correspondencia. Se habla de que Amedo quiere montar un master pero no parece la mejor idea. ¿Mi recomendación? La mejor forma de entrenarse para entrar en este negocio es en casa, con tus vecinos. Como somos cotillas por naturaleza, te costará menos de lo que crees empezar a revolver en su basura o escuchar detrás de las puertas. Y pronto descubrirás las ventajas de esta nueva profesión: el producto de tus investigaciones probablemente te ayudará a meter en cintura al del piso de al lado que hace fiestas todos fines de semana o a la anciana de abajo que se queja porque andas con tacones en tu propia casa. Después puedes empezar a apuntar más alto, quizás el presidente de la comunidad o incluso levantar los chanchullos del administrador de la comunidad. Con un poco de suerte, pronto estarás ahorrándote los gastos comunes. A partir de ahí, el mundo es tuyo, ya puedes espiar a cualquiera. Comprando un par de micrófonos en un chino puedes empezar a pinchar todos los bares de la zona, ya sabes lo bocazas que es la gente cuando bebe. O puedes ofrecer tus servicios a cualquiera con cara de pardillo que salga en la prensa. Pero yo te recomiendo una línea de negocio aun virgen pero con un enorme futuro: el ego espionaje. Como ahora mismo no eres nadie en la sociedad si no estás vigilado, puedes ofrecer tus servicios a individuos que para darse un poco de lustre quieran hacer creer a sus amigos, clientes o vecinos que están siendo espiados. “No Pepe, mejor que no hablemos aquí porque creo que me siguen. Mira ese tío, nos lleva mirando desde que entramos aquí”. Solo te hacen falta unas gafas oscuras, una gabardina y un periódico para empezar tu nueva vida. Para que luego digan que es difícil encontrar trabajo.

 

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