EL PREMIO GORDO DE LA LOTERÍA COPTA PDF Imprimir E-mail
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Artículos - Cajón de sastre
En estos tiempos en los que tanto se discute la representatividad de nuestra democracia y la idoneidad de los sistemas electorales, recientemente hemos podido seguir por los medios un suceso que no deja de llamar la atención de los que, como yo, empleamos más tiempo del necesario en pensar en chorradas: en marzo de este año murió, tras un largo reinado de más de cuarenta años, su Santidad Shenouda III, papa de Alejandría y patriarca de todo África. ¿Y a mi qué más me da?, pensarán ustedes que no sabían ni que existía este buen hombre. Pues resulta que para sustituirlo, en un momento especialmente convulso para esta comunidad que representa el 10% de los 80 millones de habitantes de Egipto, la iglesia copta decidió emplear un antiguo y peculiar proceso que me parece interesante que conozcamos.
En primer lugar, los fieles eligieron una asamblea de 2.400 clérigos y laicos notables que se encargarían de seleccionar entre todos los posibles candidatos una terna de candidatos idóneos y libres de posibles controversias. Los finalistas de esta “Operación papa” fueron el obispo Teodoro de Beheira (teólogo de renombre), el obispo Rafael (famoso por la brillantez de sus sermones) y el padre Ava Mina, monje de un cercano convento de Alejandría. Acto seguido, se eligió al menor de los más de 200 niños que se habían registrado como voluntarios para participar en el proceso como instrumento divino. Finalmente, tras tres días de ayuno y oración de la comunidad, el día 18 de noviembre, antes miles de fieles que contenían la respiración reunidos en la catedral de el Cairo, la mano inocente extrajo de la urna sellada una de las tres papeletas que contenía.  “¡Habemus papa!”, o como se diga en copto. And the winner is…Teodoro, 118º sucesor del trono de San Marcos, creador de esta iglesia. A él le tocará lidiar con los problemas de unos cristianos cada vez más asediados por la marea islamista que inunda Egipto.
¿Realmente sería muy diferente nuestra realidad si eligiéramos a los primeros ministros o presidentes de esta forma tan providencial, tan aleatoria? Teniendo en cuenta la cada vez más arraigada certeza de que los políticos son todos iguales, ¿No debería darnos igual que los eligiera el Espíritu Santo, la providencia, el destino o lo que fuera? Quizá deberíamos poner a la Lotería Nacional y a los niños de San Ildefonso a trabajar en un presidente de gobierno que nos sacara de esta. Por lo menos, tendríamos a algo o alguien para culpar que no fuera nuestra pobre y limitada naturaleza humana.

En estos tiempos en los que tanto se discute la representatividad de nuestra democracia y la idoneidad de los sistemas electorales, recientemente hemos podido seguir por los medios un suceso que no deja de llamar la atención de los que, como yo, empleamos más tiempo del necesario en pensar en chorradas: en marzo de este año murió, tras un largo reinado de más de cuarenta años, su Santidad Shenouda III, papa de Alejandría y patriarca de todo África. ¿Y a mi qué más me da?, pensarán ustedes que no sabían ni que existía este buen hombre. Pues resulta que para sustituirlo, en un momento especialmente convulso para esta comunidad que representa el 10% de los 80 millones de habitantes de Egipto, la iglesia copta decidió emplear un antiguo y peculiar proceso que me parece interesante que conozcamos.


En primer lugar, los fieles eligieron una asamblea de 2.400 clérigos y laicos notables que se encargarían de seleccionar entre todos los posibles candidatos una terna de candidatos idóneos y libres de posibles controversias. Los finalistas de esta “Operación papa” fueron el obispo Teodoro de Beheira (teólogo de renombre), el obispo Rafael (famoso por la brillantez de sus sermones) y el padre Ava Mina, monje de un cercano convento de Alejandría. Acto seguido, se eligió al menor de los más de 200 niños que se habían registrado como voluntarios para participar en el proceso como instrumento divino. Finalmente, tras tres días de ayuno y oración de la comunidad, el día 18 de noviembre, antes miles de fieles que contenían la respiración reunidos en la catedral de el Cairo, la mano inocente extrajo de la urna sellada una de las tres papeletas que contenía.  “¡Habemus papa!”, o como se diga en copto. And the winner is…Teodoro, 118º sucesor del trono de San Marcos, creador de esta iglesia. A él le tocará lidiar con los problemas de unos cristianos cada vez más asediados por la marea islamista que inunda Egipto.

 

¿Realmente sería muy diferente nuestra realidad si eligiéramos a los primeros ministros o presidentes de esta forma tan providencial, tan aleatoria? Teniendo en cuenta la cada vez más arraigada certeza de que los políticos son todos iguales, ¿No debería darnos igual que los eligiera el Espíritu Santo, la providencia, el destino o lo que fuera? Quizá deberíamos poner a la Lotería Nacional y a los niños de San Ildefonso a trabajar en un presidente de gobierno que nos sacara de esta. Por lo menos, tendríamos a algo o alguien para culpar que no fuera nuestra pobre y limitada naturaleza humana.

 

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