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Artículos - Artículos sobre la Soltería

Esta noche tengo una cita a ciegas. Terror. Pavor. Pereza mortal. He vuelto a picar como un canelo.

“Tengo una amiga de la oficina que te va a encantar. No, no te voy a contar como es. Mejor mantener el suspense, pero es perfecta para ti. Te pega muchíiiisimo. Nosotros no vamos a poder ir porque el niño se ha puesto malo pero te vas a sentir super a gusto con ella. Es encantadora”, dice la amiga casada de turno (los hombres suelen ser poco partidarios de meterse en estos berenjenales). Cuando te lo repiten tres días seguidos cedes y, como los toreros, te encomiendas a tus santos preferidos. Toda una galería de posibles horrores desfila delante de mis ojos. Antes de ir a la cita  decido ir a tomarme un copazo (o varios) con mis compañeros de fatigas para armarme de valor.

“¿Cómo es posible que hayas vuelto a caer en lo mismo?”, dispara Susana. “Es patético que a estas alturas del partido sigas con lo mismo. ¿No tienes claro que de esas cosas no puede salir nada bueno?”.

“Mira rica, te recuerdo que tu misma tuviste una hace un par de meses y acabaste con el sujeto en cuestión llevándote el desayuno a la cama”, contesto picado en mi mala leche.

“Ojalá. A las seis de la mañana y medio dormido, me dio veinte euros para que me pillara un pelas. Encima el tío era un casposo horroroso que no hacía más que hablar de lo bueno que era en los negocios, me imagino que para no decir nada de lo penoso que era en la cama. La culpa de todo la tiene el alcohol”, se lamenta Susana mirando dentro de su mojito. “Te ves allí sentada con un petardo al que tienes que aguantar durante una cena entera y empiezas a beber y a beber. Cuando te quieres dar cuenta estás borracha como un piojo y con las bragas de bufanda. Me imagino que este tipo de perspectivas os molaran mucho pero creo que deberíais madurar un poco y buscar relaciones con un poco de sustancia”

“A mi me divierten estas citas”, interviene Javier con gran conocimiento de causa porque lleva doce este año y solo estamos en marzo. “Conoces gente y es menos impersonal que una discoteca o ligar por internet. Además, hay que ser positivo. No ir ni pensando que vas a encontrarte con la mujer de tu vida ni que vas al matadero. Hay que echarle un poco de imaginación. Yo, en cuanto que veo que me voy a aburrir, me invento una vida paralela y me deshuevo de risa con las patrañas que voy contando. Hace unas semanas me llevé a una a la cama con la historia de que era espía del CESID”

“Y no la volviste a llamar, claro”, remata Susana.

“No podía. Al día siguiente partía en misión a Oriente medio”

Después de estos sabios consejos y de unos cuantos gin tonics me encamino hacia mi cita con el destino.

Al día siguiente me despierta el insistente sonido de mi móvil. Tengo la lengua como de lija, la cabeza aplastada por un yunque y no me acuerdo de nada.

“Hola querido, ya me ha contado mi amiga que la cosa no fue bien y que te dejó intentando meterle mano a la camarera. No te preocupes, estas cosas pasan. Tengo otra que si te va a encantar de verdad. ¿Qué te parece la semana que viene?”

¿No eran los budistas los que decían que el castigo de los pecadores es volver a vivir sus errores una y otra vez?

 
Comentarios (1)
buenísimo
1 Jueves, 13 de Diciembre de 2012 20:03
es buenísima la anecdota,el relato, que bien expresada, como la vida misma.

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