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Artículos - Artículo sobre Viajes
Viernes, 09 de Diciembre de 2011 10:44

Para no caer en la tan manida depresión post vacacional, no nos queda otra que olvidar que falta casi un año para volver a ponerse el traje de baño y echar a volar la imaginación. Mirando el otro día las sonrisas algo bobaliconas de los rezagados espectadores que salían de ver “Midnight in Paris” era fácil adivinar que, el que más o el que menos, fantaseaba con su propio viaje en el tiempo, con un viejo Rolls que les recogiera en la esquina y les llevara a esa época que siempre habían deseado visitar. Ya sé que la moraleja de la peli es que no hay mejor momento que el presente  y demás obviedades que han hecho millonarios a un montón de listillos new age, pero somos muchos los fanáticos de los viajes en el tiempo y el problema que se nos plantea siempre es el mismo: si tuviéramos en el salón la máquina que los hace posibles, ¿A qué época viajaríamos?

Los norteamericanos, tan aficionados a confeccionar listas, han realizado una investigación sobre los destinos históricos favoritos de sus compatriotas; la encabeza, como es fácil imaginar, Palestina en el siglo I: todos, cristianos o no,  parecen querer saber que pasó o que dejó de pasar en Jerusalén en los días de Jesús de Nazaret. Con la elección de los siguientes lugares de la lista, los americanos nos demuestran que poco les importa el resto del mundo porque prefieren Dallas el día del asesinato de Kennedy al Egipto de los faraones y la batalla de Gettysburg a pasearse por el Foro en los tiempos de Adriano. En cualquier caso, y como donde ponen el ojo ponen el dólar, las editoriales de ese país ya se han lanzado a explotar el ansia de viajar en el tiempo. Por ejemplo, Thames & Hudson tiene con una estupenda colección de guías que nos transportan al día a día de los principales destinos en su era dorada. Son la estupenda y divertidísima “Ancient Rome on five denari a day” y sus secuelas en la Atenas de Pericles,  la Florencia del Renacimiento, el Londres de Shakespeare o la Nueva Inglaterra colonial, que nos llevan a los principales espectáculos, estudios de artistas o burdeles de la época como si aun existieran y esperasen nuestra visita a cambio de unas pocas monedas.

Por mi parte, si me pusieran a los mandos de esta nave transtemporal, me vería inmerso en terribles y tormentosas dudas. Como casi todo el mundo, cuando era pequeño hubiese dado cualquier cosa por aparecer en la época de los trogloditas y los dinosaurios pero en mi caso creo que se debía, más que a un interés paleontológico, a la esperanza de encontrarme por allí a Raquel Welch paseándose con su bikini de piel de mamut como en la peli “Hace un millón de años”. Si tuviera que elegir ahora, probablemente me gustaría transportarme a finales del siglo XIX. Eso sí, reencarnándome en un rico, que para experiencias dickensianas ya tenemos suficientes con esta crisis. Probablemente elegiría un excéntrico  inglés a lo Phileas Fogg,  dueño de una inmensa fortuna gracias a la información privilegiada que traería del presente, viajando por todo el mundo, corriéndome mis juergas en Paris, Bombay o Montecarlo y después reponiéndome tomando las aguas en Baden Baden. Otra posibilidad atractiva sería tener, como los marineros, una novia en cada época: los lunes quedo con Cleopatra, los martes con Mesalina, los miércoles con Madame Pompadour, los jueves con la Bella Otero y los viernes con Marylin. Sin embargo, en cuestión de viajes por el tiempo si tengo una cosa clara: nunca iría al futuro. Dice Stephen Hawkings que la prueba de estos viajes no son posibles es que no recibimos turistas de otras épocas presumiblemente más avanzadas, sin pensar en la posibilidad que la humanidad en vez de progresar vaya para atrás como los cangrejos. Llamadme pesimista pero si mañana acabamos de nuevo en la edad de piedra, prefiero no enterarme. Al final va a resultar cierto que, como nos dice Woody Allen, no hay nada como nuestro prosaico, materialista y superficial presente.

 
Comentarios (1)
Tiempo al tiempo...
1 Sábado, 10 de Diciembre de 2011 23:13
Como siempre, me parece una delicia leer tus artículos, aunque además añadas en este tus gustos por los que serían tus viajes fantásticos...al final parece que la moraleja daría más valor al tiempo conocido que el bueno por conocer...a saber...porque "tempus fugit"...
Un abrazo viajero en el tiempo

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