LA OTRA CARA DE JERUSALÉN
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Artículos - Artículo sobre Viajes

Hay determinadas ciudades que en el nombre llevan la penitencia. Si dices que vas a Ginebra, tus amigos sospechan que tienes una cuenta bancaria secreta, aunque sepan a ciencia cierta que no llegas a final de mes. Si tu destino es Moscú, más de uno asume que vas a reunirte con una señorita que has conocido en www.rusas.com.  Si viajas a las Vegas, se da por sentado que eres un ludópata consumado o que quieres casarte en secreto disfrazado de Elvis. Algo similar sucede cuando cuentas que te vas a Jerusalén: no importa lo que digas, las mentes mal pensantes infieren que estás pasando un momento de profunda transformación mística, que tu incorporación a los Kikos, legionarios o lefebristas es inminente. Y es que haciendo honor a su fama,  Jerusalén es un auténtico supermercado de la fe, con católicos, protestantes, anglicanos, armenios, etíopes, coptos, sirios,  judíos y musulmanes disputándose cada centímetro de tierra sagrada.

Sin embargo, no todo en La Ciudad Santa es tan santo. Aunque le pueda parecer algo sacrílego a los centenares de grupos de peregrinos que arrastran sus maltrechos huesos por las empinadas calles, Jerusalén tiene una vida nocturna bastante apañada y cosmopolita. Las israelís son guapas. Y tienen morbo, mucho morbo, especialmente cuando se pasean en uniforme del ejército y menean coquetamente el fusil ametrallador Galil que llevan al hombro. Pero también se pueden encontrar por allí otros públicos interesantes: Jerusalén es la ciudad del mundo con más funcionarias de organismos internacionales y ONGs por metro cuadrado. Estas chicas tienen buena conversación, son viajadas y, cuestión importante, suele estar bastante aburridas de ver siempre las mismas caras. Sin embargo, hay algunos aspectos que es necesario tener en cuenta a la hora de intentar ligar con ellas.

En primer lugar, debes manejarte con soltura en los procelosos vericuetos de la política internacional: si te habla de la situación en Somalia, del problema de los asentamientos en Hebrón o de los cambios en Yemen, es preferible que no pongas cara de pez y tengas algo que decir. En segundo lugar, debes aprender a hablar en iníciales, porque ella los usará todo el rato: OCHA (oficina de las Naciones Unidas para asuntos humanitarios), OPT (territorios palestinos ocupados), ISF(fuerzas de seguridad israelís), etcétera.

Puede parecer complicado pero te acostumbras enseguida. Si la charla va en buena dirección y quieres invitarla a cenar, debes intuir su grado de compromiso ideológico: si es de las entregadas a la causa palestina, mejor llevarla al éste, la parte árabe de la ciudad. En caso contrario, en el oeste hay restaurantes más animados, como Colony o Adom, en el muy animado Finegold Yard, junto a Jaffa street. En cualquier caso, debes ser cuidadoso con la elección del vino. Mejor no pedir los producidos en los asentamientos israelís como los de los altos del Golán: son los malos de la película.  Después se impone una o varias copitas en Putin, uno de los bares más divertidos de Oriente Medio, donde se reúnen los especímenes más improbables de la gran colonia rusa y toda la comunidad internacional. Después de un rato, piensas que te van a tener que llevar en camilla al hotel, pero sobrevives a los chupitos de vodka y, cuando crees que la chica en cuestión está en el bote, es posible que ella te salga con que tiene que levantarse pronto para inspeccionar unos nuevos pozos de agua en Gaza.

Es lo malo de las solidarias, el deber va siempre antes que el placer. Sales de Putin y ves el sol brillar en la cúpula de la mezquita de Al- Aqsa. Sin saber porque, te encaminas a la Ciudad Vieja y acabas oyendo misa cantada de 6 y media en la maravillosa catedral armenia de Santiago, solo abierta para ese culto. Al final va a ser cierto que en Jerusalén acabas siempre en una iglesia, quieras o no.

 

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